jueves, 17 de febrero de 2011

caemos

caemos con la fuerza implacable de la autoestima dañada,
al fondo del precipicio más temido, el de las pesadillas reales...
y estando abajo en la oscuridad absoluta, dejamos de ser para simplemente estar, para recibir las miradas de lástima, las palmaditas de ánimo, como títeres reciclables, escuchando la incesante ristra de frases de consuelo, esas que una vez dijimos...

caemos, pero no como el ángel que se rebela contra las reglas del juego, sino como el hombre afligido que se autocompadece
el que ya no espera nada y busca respuestas en las palabras de curas modernos, esos que lanzan cañas como dan consejos...

caemos, y lo peor es que a veces nos zancadilleamos, eligiendo el camino de las drogas fáciles, de los oasis virtuales, elegimos el cabreo como forma de afrontamiento y la queja como forma de saludo...

caemos y no nos damos cuenta hasta que los demás nos miran desde arriba y a veces derraman una lágrima que nos empapa el ánimo, tras infinitos e infructuosos intentos de tirar de nosotros hacia arriba...

pero ese resucitar, ese emerger, es responsabilidad nuestra, por eso, desde allí abajo un día decidimos alcanzar la superficie, usando cada gesto amable como peldaño, cada mano tendida para lograr un leve impulso, cada consejo sincero como un motivo más para seguir...

volvemos porque somos y somos porque queremos ser y por eso luchamos, porque el hombre es único y tiene la misma capacidad de autodestruirse que de resurgir...

1 comentario:

giovanni dijo...

Leí este escrito antes del último, pero comenté primero al último que trae un texto más desesperado. No hay casi nada más dañable (?) que la autoestima dañada. Caemos, caemos todos y queremos surgir, estoy de acuerdo. Y también estoy de acuerdo de que tenemos 'la misma capacidad de autodestruirse que de resurgir'.
Acabo de editar y colgar en mi blog un vídeo sobre Valparaíso que tal vez te guste, aunque creo que el vídeo anterior sobre Valparaíso te gustará más: http://www.youtube.com/watch?v=_1agX6A9C4Y

Otro abrazo